viernes, 15 de agosto de 2008

Paseo de una noche de verano.


Fué una de esas noches en las que todo se conjura...
Volvíamos a casa, tarde, después de una jornada de piscina y huerta en casa de los abuelos, pero ninguno de los cangrejillos se quedó dormido en el coche.
Al entrar en Sada, dirigiéndonos a casa (papacangrejo trabajaba, no estaba), sonó el móvil. Era nuestra amiga betanceira, que si nos apetecía, nos esperaba en un pub del puerto, con terraza, a tomar algo con los niños. Era una noche espléndida, nada de frío. Les pregunté si les apetecía y se entusiasmaron, claro, qué experiencia, un paseo de noche!
En Sada estamos en fiestas, por eso, me preocupó que no tendría sitio para aparcar, pero justo un poco antes del sitio de la quedada, un coche salía, y aparqué como una reina, jeje. (por eso lo de todo estaba "en el conjuro", jeje).
El pub dónde quedamos es muy conocido en Sada por su "ambiente pirata", "El Canalla", se llama, y la verdad es que fueron encantadores con los niños. Hasta el dueño, que se presentó a ellos como el "capitán Canalla", jeje, muy majo, les regaló unas "gafas para ver la luna"...que los tuvo fascinados un buen rato.
Tuvimos mi amiga y yo, el tiempo justo para tomarnos algo, y empezar a pensar en marcharnos a dar un paseo por el puerto deportivo a ver los barcos, ya que la tropa, toda junta pedía "espacio libre", y se nos desbandaba en cualquier descuido.
Allá que nos fuimos, despidiéndonos del "capitán Canalla y su tripulación" "antes de que nos tirasen por la borda", jejeje.
Paseamos, ya de noche, charlando, unos que se fueron corriendo, los otros que se enfadaban porque los primeros corrían demasiado...lo habitual, jeje. La noche estaba muy clara, muchas estrellas, se oía "la banda sonora" de la fiesta a lo lejos, con las barracas, las luces de las atracciones, y todavía más a lo lejos, ecos de un buen concierto de rock, al final de la playa urbana.
Ya volvíamos, había que retirarse, y al doblar la esquina que nos llevaba a la carretera de vuelta, de la oscuridad de ese recodo hacia el mar, salió un hombre en el que no habíamos reparado, y nos llamó haciéndonos gestos para que nos acercásemos a hablar con él.
"Soy inglés" nos dijo con dificultad, era un hombre mayor, muy delgado, con aspecto "destartalado" (jeje, me río, porque me acordé unos días más tarde, volviéndo a verle en una "destartalada" bicicleta, de un párrafo de "La casa Rusia" de John Le Carré, un delicioso libro de espías que me estoy puliendo estos días, dónde precisamente uno de los personajes, en plena guerra fría, hace un comentario muy jugoso al respecto...algo así como, "¿recuerdan ustedes aquellos viejos y destartalados coches de los buenos ingleses?, esa era la vieja y auténtica Inglaterra antes de que los cerdos opulentos de la Thacher lo j.... todo...").
Señaló hacia la oscura esquina, y nos dijo "estoy allí viendo Júpiter, y si los niños quieren, les invito a verlo"... cuándo llegamos a dónde señalaba, vimos un enorme telescopio, montado en un trípode altísimo, y en la barandilla de piedra todo un despliegue de maletas (dónde se supone guardaba el enorme aparato), un ordenador portátil, y todo un tinglado de lentes, y aparatejos.
Fué una experiencia genial, uno por uno, los fuimos subiendo hasta el visor, y se veía tan clarito, el planeta con sus tres satélites... una gozada. El hombre disfrutaba viéndonos disfrutar a nosotros.
Después se ofreció a variar la posición del telescopio para que los niños pudiesen ver la Luna (jeje, aquí debo confesar que yo no pude verla, porque el visor quedaba demasiado alto, y yo no llegaba), les encantó, con los cráteres, etc.
Lidia, le preguntó si invitaba a mucha gente a ver las estrellas, y él, que no le comprendía muy bien, al final cuándo tradujimos, se rió, y señalando a la fiesta, dijo, "noooo, ellos están allí" , dijo señalando al mogollón, "y yo aquí, on my own...".
Apareció un perro negro, al que no habíamos visto en la oscuridad, que hizo las delicias de los peques que se acercaron a acariciarlo, y resultó ser su vieja perra Nell, de trece años, nos dijo, que estaba ciega, pero era feliz, jeje... la lleva en la cesta de su bicicleta.
Más allá de las estrellas, más allá de la experiencia telescópica de una noche de verano, nos emocionó, a las dos mayores, un hombre así, y el gusto de poder compartir un ratito, esa "manera de vivir".

3 comentarios:

Meninheira dijo...

Qué bonita noche!! es una suerte cuando se nos cruzan en el camino personas especiales.

Marcela dijo...

qué divino el viejo! y qué noche de verano más bonita y tan bien narrada que me parecía estar sintiendo la brisa del mar y las estrellas sobre mi...
besos

MartaSada dijo...

Sí, guapas, personas que parecen salidas de otra "dimensión", por eso emocionan tanto. Y por eso, os lo tenía que contar, jeje. Un beso.